Al final se valida el fenómeno de la profecía autocumplida: aquello que tanto tememos que pase termina pasando, y terminamos siendo infelices debido a todo lo que hacemos para evitarlo.

Cuestiona la búsqueda obsesiva de una felicidad sin esfuerzo ni sufrimiento, y propone aceptar el malestar como parte de una vida con propósito y vínculos auténticos.

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