La violencia vicaria es la que se ejerce contra hijas e hijos como instrumento para dañar a la madre. Suele ser menos visible que otras formas de violencia intrafamiliar, porque el daño llega a la madre de forma indirecta y puede disfrazarse de conflicto por la custodia o de preocupación por los hijos. Quien la ejerce puede limitar el contacto de los hijos con la madre, sembrar dudas sobre ella, exponer al menor a situaciones de riesgo o usarlo emocionalmente como arma de control. En República Dominicana, donde los conflictos de pareja con frecuencia involucran a los hijos, muchas madres no reconocen este patrón como violencia. Los efectos en los hijos son profundos: conflictos de lealtad, trauma psicológico y dificultad para confiar. Visibilizar este fenómeno es clave para proteger a los menores.

Cómo lo aborda el Dr. Vergés

El Dr. Vergés entiende la violencia vicaria como una forma de control que busca herir a la madre donde más le duele. Subraya que los hijos son víctimas, no actores, del conflicto, y que reconocer el fenómeno a tiempo permite proteger a los más vulnerables. Propone trabajar, cuando es posible, con ambos progenitores para identificar cómo se instrumentaliza emocionalmente al menor, y aprender a distinguir cuándo la “custodia” se convierte en control o la “lealtad” se impone a la fuerza. Con quien ejerce la violencia, el trabajo apunta al reconocimiento del daño causado a los hijos y a la responsabilización. Con las madres, a construir redes de protección y a validar el sufrimiento de sus hijos.

Señales a las que prestar atención

  • El niño expresa culpa o vergüenza por querer o sentirse unido al otro progenitor.
  • Cambios emocionales bruscos después de estar con uno de los progenitores: ansiedad, tristeza persistente o conductas regresivas.
  • El menor intenta complacer en exceso a un progenitor para “evitar problemas” o conservar su afecto.
  • Relatos que repiten el discurso de uno de los progenitores sin espacio para una opinión propia.
  • Aislamiento del menor respecto de personas significativas: restricción injustificada del contacto con un progenitor, hermanos u otros familiares.
  • El niño daña su propia relación con un progenitor para complacer al otro.

Para quién

Madres que sospechan que sus hijos están siendo usados como armas en un conflicto de pareja. Padres que quieren romper patrones de control emocional sobre sus hijos. Profesionales de la salud, la educación y la justicia que atienden a familias en conflicto. Instituciones de protección de la infancia y tribunales de familia.

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