El consumo de drogas es un problema con múltiples causas que van más allá del acceso o la oferta. Detrás de cada caso suele haber vacío emocional, falta de propósito, búsqueda de escape ante el dolor y ausencia de una red familiar que contenga. Los adolescentes son especialmente vulnerables cuando crecen en contextos de violencia, negligencia emocional o sin figuras de autoridad claras. La prevención basada solo en el miedo o la represión suele fracasar. Lo que protege es fortalecer los factores de protección: relaciones familiares sólidas, autoestima, habilidades de comunicación y acceso a alternativas recreativas y laborales.
Cómo lo aborda el Dr. Vergés
El Dr. Vergés aborda la prevención desde una perspectiva educativa y familiar: la educación empieza en el hogar y se extiende luego a la escuela y a las instituciones. Desde el Centro Profesional Psicólogos Unidos (CEPROPSIUNI) participó, junto a la Fundación Fénix, en el proyecto El desafío de vivir en salud, de prevención del consumo de sustancias en Santo Domingo Este. Su enfoque fortalece los factores de protección en la familia: comunicación abierta, límites claros y cálidos, validación emocional del adolescente y transmisión de valores. También atiende a la detección temprana de factores de riesgo, como el aislamiento social, el bajo rendimiento académico o la cercanía con personas que consumen. Propone que madres y padres sean figuras de contención, no solo de control.
Señales a las que prestar atención
- Cambios bruscos en el círculo de amistades, o preferencia repentina por personas mayores o desconocidas.
- Alteraciones del sueño, del apetito o de la higiene personal sin causa médica aparente.
- Caída del rendimiento escolar y pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba.
- Necesidad de dinero sin justificación, objetos nuevos o gastos inexplicables.
- Conductas reservadas: evasivas sobre dónde estuvo, con quién o qué hizo.
- Irritabilidad, desconfianza extrema, tristeza persistente o cambios de humor marcados.
Para quién
Madres y padres preocupados por el riesgo de consumo en sus hijos. Adolescentes y jóvenes que buscan alternativas saludables y sentido de pertenencia. Docentes y orientadores escolares, en primera línea de la prevención. Instituciones educativas y organizaciones comunitarias que diseñan programas preventivos. Profesionales de la salud mental que trabajan en adicciones.
