En la cultura dominicana, el castigo físico se ha normalizado como herramienta educativa. Frases como “la letra con sangre entra” siguen presentes en el imaginario colectivo, aunque la violencia física no enseña las conductas deseadas: genera miedo, resentimiento y la repetición de patrones violentos. Los niños criados con castigo físico suelen presentar problemas de autoestima, dificultades emocionales y más tendencia a resolver los conflictos con agresión. El desafío es que muchas familias no conocen otros modelos de disciplina. Abordar el tema exige reconocer la intención de los padres, que quieren criar bien a sus hijos, y ofrecerles alternativas eficaces y menos dañinas.

Cómo lo aborda el Dr. Vergés

El Dr. Vergés defiende una crianza basada en la firmeza emocional, no en la violencia. Su propuesta integra límites claros, consecuencias lógicas y contención emocional en lugar del castigo físico. Sostiene que disciplinar es enseñar, no infligir dolor, y que el castigo físico rompe el vínculo de confianza y afecta el desarrollo emocional del niño. Propone alternativas concretas: establecer límites claros y consistentes, explicar las razones de cada prohibición, aplicar consecuencias naturales y reparar la relación después de corregir. Su manual Por un Buen Trato Familiar y de Género ofrece herramientas en esta línea.

Señales a las que prestar atención

  • Miedo o ansiedad anticipatoria ante figuras de autoridad o ante la posibilidad de ser corregido.
  • Conducta agresiva hacia otros, como hermanos o compañeros, que repite el modelo vivido.
  • Baja autoestima, vergüenza excesiva o culpa persistente por errores menores.
  • Lesiones sin explicación, como hematomas, marcas o quemaduras, que coinciden con “correcciones”.
  • Tristeza, retraimiento o hipervigilancia en el hogar.
  • Poca tolerancia a la frustración: paso rápido de la tristeza a la rabia ante contratiempos pequeños.

Para quién

Madres y padres que fueron criados con castigo físico y quieren romper ese ciclo. Familias en contextos de vulnerabilidad donde la disciplina coercitiva es frecuente. Docentes que observan conductas agresivas en clase y buscan acompañar a las familias. Profesionales de la salud y la educación comprometidos con la crianza sin violencia.

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